Ahora que todo parece estar en mi corazón alterado quisiera regurgitar cada frase; pero mi cerebro procesa pausante el decir y queda ya lánguida mi lengua, apenas sin aliento, por todo el resistir que mi grito profundiza hacia el amargo silencio.
En el interior es donde guardo cada uno esos ecos azules. Mirada tras mirada traigo ansias de ocultos deseos y materia oscura, que sólo la luz de una señal emitida por tu voz podría desvelar para hacernos caer en tan efímera y dulce sensación soñada.
Si bien estoy tumbado hacia abajo me ahogo declarando que estoy enamorado. Mirar al techo supone con leve pulso reflexionar y con ojos amplios derramar alguna lágrima por su canal. De nada me sirve quedarme con las ganas de decir que quisiera ser beso, corazón levitante o golondrina; visitar con encanto la cascada y converger cual afluente a un mismo río.
Esperé demasiado, malgasté una oportunidad, quedé en frustración y más espera esperanzadora, pero hoy lancé la moneda y no puedo volver atrás.
