A efectos del silencio uno ve como
se incrementa las ganas de cariño. En soledad uno intenta acariciar su propio
cuerpo. Para mí el cariño es cosa de dos, es sinestesia, es amor.
A veces suelo masticar el aire como si fuese un sólido, contorneo con el dedo la figura de una mujer... Es difícil imaginar que todo lo que me envuelve son caricias. Hablo del aire tal y como entra por las vías respiratorias, es el único modo casi imperceptible de sentir lo más parecido a un roce, nos llena de vida.
La atmósfera juega malas pasadas si te enamoras de ella. Me veo en una habitación hermética y maciza. En una pared hay una ventana sellada que da a otra sala con multitud y con una salida. De nada sirve gritar. No tengo escapatoria. Pasan las horas...
La veía. Era ella. Nos acercamos.
A través del vidrio dimos besos fríos. Quizá el aliento los volvió cálidos; pero empañando se iba perdiendo. Mi vista no sabia quien era. Creo que iba desconociéndola mientras respiraba. Quedaron deseos a mí alrededor. Hice trizas la ventana que nos separaba. Mi lado era transparente; el suyo el más puro espejo donde se reflejaba. No me vio nunca. Pensé que me amaba.
Era una egoísta y narcisista. Aunque si no fuese por que rompí la frontera vítrea siendo agresivo, nunca hubiera sabido que estaría intercambiando saliva, en este momento: con ella.
A veces suelo masticar el aire como si fuese un sólido, contorneo con el dedo la figura de una mujer... Es difícil imaginar que todo lo que me envuelve son caricias. Hablo del aire tal y como entra por las vías respiratorias, es el único modo casi imperceptible de sentir lo más parecido a un roce, nos llena de vida.
La atmósfera juega malas pasadas si te enamoras de ella. Me veo en una habitación hermética y maciza. En una pared hay una ventana sellada que da a otra sala con multitud y con una salida. De nada sirve gritar. No tengo escapatoria. Pasan las horas...
La veía. Era ella. Nos acercamos.
A través del vidrio dimos besos fríos. Quizá el aliento los volvió cálidos; pero empañando se iba perdiendo. Mi vista no sabia quien era. Creo que iba desconociéndola mientras respiraba. Quedaron deseos a mí alrededor. Hice trizas la ventana que nos separaba. Mi lado era transparente; el suyo el más puro espejo donde se reflejaba. No me vio nunca. Pensé que me amaba.
Era una egoísta y narcisista. Aunque si no fuese por que rompí la frontera vítrea siendo agresivo, nunca hubiera sabido que estaría intercambiando saliva, en este momento: con ella.
